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Superación,esfuerzo,CrossFit

Creado originalmente como un entrenamiento militar, el CrossFit se ha convertido en uno de los deportes emergentes con más futuro tanto por sus prácticas como por los valores que transmite

Llegar por primera vez a un box de CrossFit, sin ser entendido en la materia, es una sensación satisfactoriamente extraña. Sobre la puerta, de cristal transparente, un cartel gigantesco corona la entrada: Crossfit Edelweiss. El Edelweiss es el único local de Sabadell en que se practica este deporte. Pero, para empezar de forma adecuada, hay que aclarar que lo que a simple vista parece un gimnasio, técnicamente no lo es. Ni siquiera se denomina gimnasio: recibe el nombre anglosajón de box (“caja” en castellano). De cualquier forma, lo esencial no son los ejercicios que allí se realizan: lo son el ambiente, los valores, la filosofía y el espíritu de mejora continua que se respira.

Los atletas, once en el turno que va a dar comienzo, entran al box a medida que van llegando. Algunos se reúnen en el centro del box mientras otros se ponen ropa adecuada para los ejercicios. Comentan el WOD (Workout Of the Day, “el entrenamiento del día”) mientras otras nueve o diez personas que formaban parte del turno anterior se han colocado en la zona de césped artificial, en la parte izquierda, para descansar. Es sorprendente ver cómo no sólo es que todos se conozcan entre ellos, es que además se tratan como si fueran miembros de una misma familia. Rondan por el box el hijo y la hija de uno de los que han entrenado en el turno anterior, y los demás bromean con ellos sobre su altura, con toda confianza.

Uno de los coach (los entrenadores) es el primero en empezar a calentar. A su alrededor pasea un perro, robusto e increíblemente tranquilo, que resulta ser suyo. Hay un chico, alto y risueño, que llama al perro por su nombre: “¡Django, ven!”. Parece que el animal es uno más, porque ninguno se extraña de que pasee entre sus piernas mientras estiran. El chico, acariciando al perro, observa a los demás cerca de una columna. Sujeta unas muletas y evita que su pie derecho, escayolado, se apoye en el suelo. Dice ser uno de los integrantes de ese turno, pero que debido a su lesión le es imposible entrenar y ha ido a apoyar a sus compañeros. Es un detalle que, curiosamente, resume perfectamente el perfil estándar de las personas que están dentro del mundo el CrossFit y evoca una idea clara: todos son como hermanos.

A las 12:00 de la mañana da comienzo, cada día, su entrenamiento; sin embargo hoy van un poco retrasados. Podría parecer un motivo para preocuparse o, por lo menos, sentirse presionado, pero nada más lejos de la realidad. “El CrossFit no tiene como meta hacer un ejercicio en un tiempo determinado, sino hacerlo superándote a ti mismo” dice Marc, uno de los atletas que entrenan allí, sin dejar de calentar.

Son casi las doce y media cuando salen del establecimiento y se ponen a correr alrededor de este. Siguen un ritmo medianamente normal, pero no paran. Al otro lado del box aún queda gente del turno anterior descansando. Dicen, aún sentados en el suelo, que los agotadores ejercicios exigen, tras ellos, una recuperación bastante prolongada.

Pocos minutos después, regresan. No parece que hayan hecho esfuerzo alguno, quizá porque el tipo de ejercicios a los que se someten una vez que acaba el calentamiento les exige mucho más. Casi sin pausa, empiezan con el entrenamiento del día.

Tras unos segundos, empiezan a levantar barras de acero (sin peso) mientras charlan despreocupadamente. Van mirando una pizarra que les recuerda lo que toca hacer, en qué cantidad y con qué orden, es decir, el WOD. A primera vista, parece un calentamiento, pues forman un círculo levantando barras mientras charlan y ríen entre ellos, también los coach, que no son meros espectadores. Sin embargo, de forma progresiva van aumentando la intensidad: añaden peso, velocidad y repeticiones. Casi sin avisar, han empezado el entrenamiento del día, y, aparentemente, pase lo que pase no van a parar hasta que lo acaben.

Cada uno a un ritmo que le permita dar su máximo, levantan las barras con pesos cada vez mayores. Es curioso ver cómo no siguen un patrón conjunto: van hablando, ríen y comentan los propios ejercicios, pero cada atleta descansa lo que quiere y levanta lo que quiere. Al fin y al cabo, si está ahí es porque busca estar en una mejora constante, no pasar el rato. Aunque el esfuerzo que algunos están haciendo es brutal, con discos de tanto peso que provocan que la barra se doble drásticamente al levantarla, lo hacen con una normalidad increíble. Les cuesta, y se nota, pero no hay atisbo de duda en ninguno de sus movimientos y ni por asomo se plantean parar.

Hacen series de 3 repeticiones, es decir, levantamientos, con el peso máximo de cada uno. Puede parecer poco, y de hecho la cifra es baja, pero cuando se hace con todo el peso que, se supone, tu cuerpo puede llegar a levantar, se convierte en un ejercicio de una exigencia altísima. Por ello, los descansos son muy, muy largos. Levantan todo el peso que pueden una vez y, quizá, pasan casi cinco minutos sin tocar la barra. Para alguien que no ha practicado CrossFit resulta un tiempo excesivo, pero, según los propios atletas, necesitan que su cuerpo esté listo para repetir el levantamiento y acostumbrarse a un peso que siga una línea ascendente.

Uno de los coach, mientras entrenan, tiene la mirada fijada en los movimientos de sus alumnos. Va mirando a todos y da consejos para que mejoren en la postura de sus cuerpos. No sólo hay que levantar la barra con el peso adecuado: la posición de las piernas para amortiguar el peso, el movimiento de cintura y los brazos al dar el pequeño salto que permite levantarla o la altura de los hombros pueden ser elementos clave que, a la larga, evitan lesiones y aumentan la eficacia del ejercicio. Es más complejo de lo que parece.

Tras un largo rato repitiendo los movimientos, aumentando progresivamente el peso, un hombre del otro turno se despide de todos mientras sale por la puerta con sus dos hijos, soltando un “Venga, familia” que recibe un sonoro “Adéu” de todos los compañeros al mismo tiempo.

“Todos nos conocemos” dice Manolo, mientras descansa, “porque muchos cambian su turno a la mañana o a la tarde para no perder ni un día de entrenamiento, por lo que acabamos coincidiendo tarde o temprano”. Es un deporte que engancha, según la mayoría.

Tras casi una hora de entrenamiento dando el máximo, los ejercicios dejan paso a pausas extremadamente largas en las que se comentan anécdotas, costumbres o bromas. Se empieza a intuir que el final del entrenamiento se acerca. Además, la hora fijada para acabar eran las dos de la tarde, y ya pasan dos minutos, aunque nadie presta mucha atención al reloj y se centran en acabar el total de ejercicios que había para el día, sin pensar en lo que tardan.

Muchos dejan las barras en su sitio y se sientan alrededor de los entrenadores, que están sentados en un banco y en el suelo, respectivamente, jugando con el perro. Sólo nueve personas siguen en el box. Uno de ellos tiene energía suficiente para ponerse a hacer el pino apoyándose sobre una barra que sujeta un compañero, tumbado en el suelo, pero coge demasiado impulso y cae de forma aparatosa y cómica encima de este, desatando un ataque de risa por lo absurdo de su intento.

Algunos aún intentan acabar la sesión con algunos ejercicios finales, casi como enfriamiento, aunque el tiempo se agotó hace mucho. De todas formas, ya no hay ritmo alguno y, aunque lo hubiera, cualquier intento de esfuerzo se esfuma por la risa que provocan los ‘chistes malos’ de uno de los coach. La sesión ha terminado.

De principio a fin, hay una palabra que retumba en la mente de quien los observa, y que probablemente es la que mejor define qué es un grupo de Crossfit: “familia”.

Tanto si eres crossfitero/a como si te quieres iniciar,
te invitamos a un auténtico Box de CrossFit

CrossFit Edelweiss

C/ Raimón Caselles num. 1-3
08205 Sabadell (Barcelona)
Telf. 931 70 43 02 / 640 16 88 27

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